Se puede tocar con las palabras lo que no se ve con los ojos, se puede besar con poesía los labios que yacen dormidos; se puede también por un instante infinito... "¡Cambiar el mundo¡".
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lunes, 19 de octubre de 2015

Volar lesionada

Aprendí a volar por fuertes vientos
por los amaneceres grises,
siempre inquieta e incansable,
hasta ver llegar la luna.
Aprendí a divisar el faro
con los ojos en penumbras.

Aprendí a danzar en las alturas
a hacer piruetas y aterrizar
de muchas maneras.
Aprendí a frenar y a descansar,
y cómo volver rumbo al cielo,
aprendí a reconocer mi mar.

Pero hubo un vuelo
que anunciaba un final
no más vuelcos bruscos
no más noches desveladas,
no más mar y luna plateada.

Y me quedé paralizada,
Anestesiadas las Alas,
mudas las emociones,
sin saber si era de día o de noche
o en qué fecha y lugar estaba.

Un vuelo que confundía
hasta el sonido de las palabras,
piruetas en mis sueños
e ilusiones en la nada.

Aprendí que dormir
es volar sin cuerpo y sin alas,
que en el silencio más simple
se hacen ecos detrás de las montañas.

Que la nostalgia no es más
que negarse a abrir la ventana
y que el dolor no es amigo
pero tampoco el bandido
que te corta las alas.

Aprendí a volar lesionada
y sin quejarme de la marea
que a veces azota más fuerte,
pero cada vuelo es una tarea,
y  cada viaje  un motivo
para alzar la mirada.

Entonces: Vuelo lento
vuelo bajo, pero vuelo a mi manera,
y no me doy por vencida
aunque se estropeen las velas.
“Ceori”


lunes, 17 de agosto de 2015

Sosegando los remolinos que yacen en el fondo del mar

Yo he venido … para rescatarlos  del olvido, para tatuar en la “Rosa de los vientos”, de mi alma, sus nombres anónimos. Que quedarán grabados para siempre, en la memoria trashumante del viento y en la clara  memoria del agua. (Del libro vuelo de gaviotas – Bernardo Tapia  Rojo – Poeta Vileño)

Sosegando el invierno y pintando una primavera que se espera con los ojos llenos de verde, eternos vuelos que hacen eco en el cielo. Camino por mis sendas de mar cual veleta navega al viento. Sin que el frío queme, ni que la tristeza se haga parte de mis días que vivo en la ausencia del ser, mas no del recuerdo. Me alimento de trozos de poemas que guardo como un gran tesoro, y beso con el pensamiento cada hora en que respiro y siento que me acompañas. 

Somos aves de paso, por eso es que volar me gusta tanto y es por eso que también aprendí a respetar los vuelos. Desprenderse de los lazos que una vez te hicieron prisionero, porque esos lazos no son buenos. No hay nada mejor que la libertad de amar sin que te pongan frenos. 

Matar la ilusión no está en las manos de nadie, porque sentir es algo que no depende de la razón, simplemente aparece y nos va contagiando las venas de emociones que nos hacen sentir llenos de vida. A eso le llamo renacer de nuevo.

Disfrutad del remolino de mar que a veces se forja en nuestro interior  sin tener miedo, o nos habremos perdido algo que quizás nos puede hacer regocijar el alma. Gritad el amor a los cuatro vientos que el mismo se encarga de llevarlo a los oídos de la persona amada. 

Y si en esa lucha por conquistar el corazón, te encuentras con las manos atadas, no te sientas rendido porque no ganaste la batalla. Todo lo que se lleva un final, vuelve convertido en nuevas hojas que con el paso del tiempo  traerán quietud al alma.
“Vivian Ceori”