Poesía, relatos, música, mar, fantasía, imágenes, galería de arte, paisajes, libros y vídeos.
Se puede tocar con las palabras lo que no se ve con los ojos, se puede besar con poesía los labios que yacen dormidos; se puede también por un instante infinito... "¡Cambiar el mundo!".
Amo el sonido del viaje por muy corto y breve que sea, me hace sentir lejos del mar y de casa, es por eso que me gusta mucho el camino de regreso aunque eso me lleve a la rutina, a una vida con el reloj acelerado y a las labores apoderandose de mi tiempo.
Es aquí en estos pequeños recorridos donde mi pluma se explaya y mi Alma poeta sale a volar como si la viera salir de mi cuerpo para recordarme que jamás debo dejar de escribir "¡porque la necesito tanto como ella me necesita a mi!."
Últimamente, la agenda llena de compromisos culturales, sociales, laborales y estudios, han hecho de mi pluma un paisaje sin colores, sin rostro, que espera apacible que la despierte. Recuerdo cuando ella era entrometida, interrumpía cualquier evento para hacerse escuchar y debía abandonar todo ante la suplica de vaciar a la tinta.
A veces no sabía que iba a escribir, otras veces el título de la nueva creación daba vueltas en mi cabeza como el coro de una canción o simplemente brotaba de la nada como iluminación divina.
Amo el lenguaje de la carretera, las confesiones que saca de mi, la marea incontenible de palabras revoloteando como mariposas encerradas en mi mente viajando sin límite de velocidad , a ratos frenándose para releer una y otra vez la obra final.
Siempre viajo con la esperanza de llegar a destino, en el transcurso de las horas los nombres de las personas que quiero abrazar se cruzan como fotografías jugando con las nubes, el paisaje se hace cómplice, el camino se vuelve amable y la distancia se acorta.
Este viaje particularmente me ha acompañado por distintas estaciones. Han pasado acontecimientos importantes, obviamente la suma de los años la va poniendo a una un poco más frágil, más sensible y aun así esa exposición del sentir abiertamente, no asusta.
Viajar me hace feliz, hace que mis ojos brillen, porque me encuentro con las letras, porque el susurro me habla, es volver a la soledad pero esta vez acompañada, amiga y cómplice, mujer y amada.
Es imposible no empaparse de tristeza ante tantas páginas llenas de injusticia
y sufrimiento, mis ojos humedecidos tratan de hilvanar palabras para estas
mujeres forjadoras de la historia, mas nada de lo que yo diga logrará superar
la valentía y coraje que nació desde sus entrañas en tiempos de guerra y
hambruna. Sin duda estas mujeres
invisibles son la suma de eventos significativos que construyeron nuestro
presente. No se me hace difícil entrar en la piel de cada una, puedo sentir la
impotencia y desesperación de la eterna espera, puedo también sentir el latir
de sus corazones implorando que la esperanza no se desvanezca. Volver a ver a sus seres queridos, padres,
hermanos, esposos, novios, amigos, ya sea envueltos por la recompensa del honor
a la patria viajando hacia el túnel del silencio, ya sea una parte del ser amado
siquiera para poder abrazarlos y sentir nuevamente su aroma, mirarse a los ojos
antes de la despedida y si la fortuna los acompañaba llegar a casa en cuerpo entero,
pero con el alma rota.
Y es que toda guerra va restando vidas, va dejando cicatrices,
mártires, héroes, seres anónimos, incompletos, desaparecidos, traumas y
ausencias. Pero no me cabe duda de que la mujer es el primer soldado que Dios
puso en esta tierra, primero como un vigía que enciende su luz en lo alto de un
faro para iluminar el camino y luego como una esposa, amiga, hermana, confidente,
compañera en la paz y en la contienda. Sin embargo, la realidad de estas cartas
lleva suplicas al gobierno de Chile, ruegos a U.S., testigos que declaran como
medio de prueba la viudez, como si el dolor del duelo no fuese suficiente deben
mendigar la clemencia por una mísera pensión, como si ya no fuera tan indigno
ante el infortunio y la escases de esposos, hermanos e hijos mutilados
arrastrados por el honor a la patria y a la bandera.
Claramente la diferencia de clases sociales pone a la mujer en
desventaja, con el analfabetismo causando que un mero trámite se convierta en
la búsqueda de personas con un poco más de educación para que vayan en su
auxilio, las leyes no las favorecen por el grado de sus hijos y esposos (los
últimos en la escala de sueldos del ejercito o de la marina), mientras la
espera de una respuesta favorable va desgastando el duelo, desmembrando las
penas, trayendo la decepción de las familias y aun así con el alma en vilo son resilientes,
nacen de las cenizas para continuar reconstruyendo sus vidas porque esos
hombres fueron héroes de la nación.
Somos el legado que ellas nos dejaron y no solo les debemos “respeto”,
sino también “agradecimiento”, en pleno siglo XXI donde en la actualidad estas dos
palabras están tan escasas o son tan difíciles de mencionar ya que estamos en
plena conquista de los derechos de la mujer, pero no debemos olvidar que nos
dejaron bien pavimentado el camino, es por eso que sacar a la luz estas voces
escritas es tan necesario para valorar nuestra historia, para volver a nuestras
raíces, para crear conciencia del sacrifico a lo largo del tiempo, porque nuestros
derechos los hemos ganado con el sudor, sangre y lágrimas de todas ellas.
“Ruego a usted:
Señor autor Don Joel
Avilez Leiva, historiador, nacido en la comuna de Los Vilos, IV región de
Coquimbo, que estas cartas del libro “Cartas De Mujeres Coquimbanas: La
Historia No Conocida De La Guerra Del Pacífico” (1879 – 1887sean conocidas a lo
largo de todo Chile, que no quede un rincón de esta larga y angosta franja del
fin del mundo, ya sea por mar, aire o por tierra, que la otra versión de la
historia no conocida de la guerra del pacífico llegue a hombres,
mujeres y jóvenes, ruego que llegue a las autoridades, y por qué no a la moneda.”
“Ruego a usted:
Señor lector, ¡sí a
usted le hablo!, que tiene en estos momentos el libro en sus manos, ruego cuidar
con delicadeza cada hoja, como si una vida estuviera sujeta a la suya, o como
si respirar dependiera del trato, calidez y comprensión con que esos ojos lo
leyeran”.
“Ruego a ti mujer:
Honrar cada día de
tu vida como un homenaje a las almas que yacen convertidas en tinta, he aquí en
puño y letra donde alzan la voz para no ser olvidadas, ruego agradecer a la
historia que va de a poco reescribiendo como en plena guerra del pacifico las
mujeres abandonaban sus casas y tierras para ir junto a sus hombres como enfermeras,
cocineras, lavanderas, escudo humano y compañeras.
“Ruego al yo del
futuro:
Que si en algún
momento la memoria perdiera, o si por alguna razón motivo o circunstancia yo
atentar contra mi vida quisiera, vuelva a las páginas de este libro
a releer las
batallas que tuvieron que luchar mis valientes compañeras, por la paz y
libertad que en este momento mi corazón alberga”.
Y así, como si todos estos ruegos mágicamente me permitieran hacer
honor a estas mujeres, como si al mencionarlas por fin sus almas pudieran
descansar en paz lejos de las trincheras: “Elena, Rosario, Susana, Ana, Rosa, Carmen,
Dolores, Luisa, Teresa, Guillermina , Filomena, Silveria, Francisca, Juana, Bernarda,
Albina, Bernabé , Transito, Cecilia, Carolina, Carmela, Isidora, Delfina, Victoria,
Candelaria, Leonor, María, Tomasa, Domitila, Pabla, Amadea, Dominga, Amelia, Genoveva,
Margarita, Manuela, Mercedes, Rosaura, Lorena, Isabel, Teodora, Antonia, Alvina,
Clarisa, Catalina, Marta, Ventura, Narcisa, Teodora, Lucía, Fortunata, Elba, Filomena,
Ramona, Adela, Cristina, Concepción, Pascuala, Rafaela, Teodolinda, Lorenza,
Felipa, Pastoriza, Salvadora, Faustina, Rosalía, Ángela, Tránsito, Encarnación,
Basilia, Claudia, Julieta...”.
Seguiría sumando nombres a la lista, porque todas merecen ser
mencionadas, pero así como existen mujeres destacadas en los libros de historia
con nombre y apellido siempre van a existir personas anónimas dispuestas a
llevarse a la tumba el gran aporte a la construcción de grandes obras y
descubrimientos que hoy nos benefician y como contra parte también existen
historiadores como Don Joel Avilez Leiva que nos recuerdan la importancia del
pasado.
Vivian Ceori
Los Vilos, Chile 24 de octubre de 2024
“Cartas De
Mujeres Coquimbanas: La Historia No Conocida De La Guerra Del Pacífico” (1879 –
1887) Joel Avilez Leiva
Otra vez en el recuento final, el conteo de los días para despedir un año que de seguro trajo victorias, fracasos, desencuentros, uniones inesperadas, separaciones abruptas, toma de decisiones importantes, olvidos imperdonables, sorpresas maravillosas, el despertar de los sueños, descubrimientos, perdidas de seres queridos. Y así la vida no deja de avanzar, el mundo no para de girar, el reloj no se detiene.
Siempre somos nosotros quienes nos adaptamos a los cambios y a las circunstancias, siempre amoldandonos como una figura hecha por la mano de un escultor que con suavidad nos trata para no rompernos. Y es cierto que a veces suenan los cristales rotos de nuestros proyectos e ilusiones, los vemos caer al piso con el dolor de saber que no se podrán volver a pegar. Nada es lo mismo sin embargo es justamente el derrumbe de algunas cosas lo que nos enseña a construir nuevos mundos.
El ser humano es la especie más sublime que Dios ha creado, somos tan capaces de reestructurar nuestras vidas, de sacudirnos las tristezas, de asumir nuestras derrotas y sacar la mejor lección de aquello. Solo basta mirar atrás para ver todo lo que hemos avanzado y ser testigos de cuántas pruebas
superamos.
Y sí, muchos esperan el adiós deseando un año mejor, que el año viejo se lleve ese largo cansancio, el peso de la fatiga. Es la cuenta que nos llega a todos como una factura con nombre y apellido entregando el detalle de un año abarrotado de altibajos. Es por eso que la mente es tan sabia, va seleccionando los mejores momentos que nos propicia a estar en constante resiliencia, a la espera del mañana.
Deseo en este cierre de año; la compañía de las personas que amamos, la presencia de quienes marcharon, la calidez del hogar, la ternura de un abrazo, la construcción de nuevos sueños, soltar amarras, sonreír con un secreto guardado, caminar por un parque en la alfombra de hojarasca, no postergar ese viaje planeado, disfrutar de la melodía infinita, ver el amanecer, la nostalgia del ocaso.
Cultivar la amistad, osadía para los desafíos. Permítete gritar, llorar, reír, bailar, cantar, pedir ayuda. Todas las expresiones que le consedan al cuerpo y al alma mantenerse sanos.
Han pasado las estaciones a paso lento, el reloj últimamente se ha dedicado a contar cada capítulo de una historia que no estaba preparada para escribir sin embargo la vida siempre nos sorprende con baches que debemos saltar aunque a veces ni el cuerpo ni la mente creen poder lograrlo, simplemente avanzas con la inexperiencia y es justamente eso, lo que provoca un remezón de cambios.
Siempre va a quedar un antes y un después, un sabor dulce y amargo, solo debemos rescatar las piezas para volver a ponerlas en el tablero. No sé si esta vez aprendí a poner el freno, pero si sé que voy a paso lento, haciendo pausas y dejando las preocupaciones para mañana. Tampoco sé si logré controlar la ansiedad de llegar a tiempo, pero si sé que tarde o temprano llegaré a la meta.
Mientras..., me distraigo en el camino viendo como el invierno se deshiela, dudo mucho de una acogedora primavera, mas bien volvemos a un letargado otoño por lo que no haré reproches, me quedaré en la calidez del hogar, en la compañía del café y una montaña de pendientes que en algún momento deberé concretar.
En estos momentos quisiera decir tengo miedo, quiero sacar la coraza, pedir un abrazo sincero, porque hoy me cansé de ser valiente. Sí es cierto soy de carne y hueso, a veces lo olvido, a veces los demás también lo olvidan. Tanto dar y andar que se me agotó la pila, deseo con toda mi alma volver a ese refugio donde nada me lastima.
"Heme aquí aferrada a las palabras
heme aquí con el alma congelada
heme aquí con él corazón en vilo
heme aquí sin ayer y muchos motivos".
Mientras me quedaba con la tristeza entre mi pecho y las entrañas, mientras temblaba de frío, de temor, de rabia..., pensaba en lo fácil que es dejar de existir aquí en la tierra, pero todo pensamiento se esfumó con pequeñas señales que golpeaban a mi puerta. Carcajadas, lágrimas, quebranto, detalles que te recuerdan quién eres y cuántas veces lo has logrado.
De tantas maneras la vida nos va mostrando el camino, nos prepara para las batallas, para los encuentros y las despedidas. A veces nos remece con la realidad o a veces es una suave cuna donde quieres permanecer a salvo. Y a medida que van pasando los años te vas aferrando, como si cortar el hilo borrara la historia que hilvanamos juntos, pero no es así.
Estaba ahí, buscando la manera de poder respirar, tratando de averiguar la melancolía de mis ojos, el decaer de mis sueños, el sin sentir de querer abrazar el ayer.
¿En qué momento dejé que la magia se marchara?. Tal vez el tiempo no perdonó las ausencias. Tal vez mi intento por alejarme de la felicidad confabuló con mis mañanas cristalinas para permitirme dormir.
Llevaba tanto tiempo sin recordar un latido intenso, un beso profundo, una risa cómplice, caminar acompañada, cantar bajo la llovizna; que el gran vacío de momentos se fue llenando de miedos.
Entonces entendí por qué pongo límites, por qué una gran muralla me rodea, por qué busco historias para poder representar mis negaciones. Pero se hace nudo mi garganta y no puedo respirar.
Es justamente eso, junto a un cúmulo de dolores del cuerpo y del alma lo que me permite existir, aunque a veces el cansancio pese en cada paso y de vez en cuando exclame un llanto silencioso que aprieta mi corazón donde solo deseo ¡respirar!.
Llevo meses deseando que te mueras, desde hace rato que algo no funciona bien, ha de ser lo cotidiano del día a día o seré yo que no logro comprender, pero tú mientras tanto te quedas petrificado sin dar explicaciones. Lamentablemente ya no tenemos buena comunicación, así que debido a la necesidad de que todo cambie, estoy planificando tu asesinato.
Sé que algo sospechas, lo sientes cuando te abandono sin la necesidad de buscarte, lo sientes cuando derramo mi café en tu cara y cuando te empujó contra la pared con la esperanza de que reacciones. Lamento que hayas presenciado tanta violencia pero aun no termino la deuda que adquirí cuando nos comprometimos. Y te digo cariño esto es una estafa, una publicidad barata, no eres lo que aparentabas, ¡ya me harté!!.
Así que debes escoger, te asesino y escondo la evidencia o te cambio por otro mejor. De seguro alguien te reciclará, no me odies por esto sabías de antemano que nuestro contrato solo duraba 12 meses, hoy llegó a su fin. Adiós celular, adiós Movistar.
Se me agotó la noche entre versos y quimeras; me abandonó la almohada de tanto pensarte, el reloj agonizó antes de llegar al alba, aullaron las sombras que me rondaban y huyeron los pájaros de mi tejado.
Lento es el latir de mi corazón compungido, larga es la alfombra de hojarasca del otoño que me arrulla, triste es el cantar de mis versos, todo porque tú no estás deambulando por mis sueños.
Y en el sepulcral silencio que te nombra, rasguño a la noche para que te diga todo lo que tu ausencia me lastima, pero no me oyes desde la otra orilla.
Se me agotó la tinta, se me cerraron los ojos, ¡se me fue la vida!.
Vacié mi mochila en la mesita de noche, no encontré lo que necesitaba solo habían recibos del supermercado, envases de chocolates, una nota recordándome algo que a esas alturas ya había olvidado, una pequeña pluma de gaviota que recogí en mi caminata por la playa, una piedra que simboliza un momento donde grité tu nombre al viento.
En la agenda palabras entrecortadas tratando de hacer poesía. No estaba la chispa que encendía a mi corazón mas este latía pidiendo auxilio a mis ojos que te dejaban marchar. Entre tanto buscar en un saco sin fondo, paré de revivir nuestra historia y la ausencia de nuevo se hizo huésped en aquella habitación.
Dejé de reclamarle al mar el no traerte hasta mi orilla, dejé de disfrazar mis lágrimas bajo la lluvia, dejé de estirar mi mano para hilvanar juntos un mañana. Y entre tanto abandono, dejó de doler tu recuerdo, pude respirar sin el peso del temor a perderte, pude sonreír dando vuelta la hoja del ayer, pude retomar el hilo de mi vida.
Te fuiste; de manera tan brusca, que así no se prepara una despedida, ¡es más!... muchos aun no creemos en ese eterno viaje al que has partido, esta vez no hay una ruta planificada.
Te fuiste; dejando huellas, anécdotas, historias, uniendo lazos, abriendo posibilidades, pero te hiciste a un lado en un anochecer cansado para estacionar el vehículo y mirar como un espectador desde el otro lado como la vida sigue.
Te fuiste de cara al viento, arrancaste la voz de las entrañas, una tarde de otoño fría, donde tus cenizas se mezclaron con el mar. Te fuiste; removiendo escombros de la memoria, sentimientos inefables, llanto atorado, palabras por alcanzar.
Te fuiste sin brújula ahora ya no la necesitarás. Somos un ave de paso que su vuelo siempre desea emprender. Somos lo que hacemos y lo que dejamos. Por los siglos de los siglos.
Amén
Vivian Ceori
Los Vilos, Chile 10 de junio 2023.
En honor a Luis Feliciano Emilio Sepúlveda Castro: 17 Febrero 1955 - 1 Junio 2023
El nunca se imaginaría que la noche anterior esa misma mujer que se reía a carcajadas junto al mar iluminados por el reflejo de la luna había arrojado su corazón por la borda, jamás sabría de los fantasmas que la perseguían, ni de la ira que casi la lleva al borde de un precipicio, solo se limitaba a contemplarla con cariño y respeto.
Tantos años de amistad que los unía, que soñaban entre bromas con una vejez digna; en un asilo que pusieran las películas antiguas , que ojalá no les fallara la memoria, en el mismo pueblo donde caminaron juntos por el borde costero o en su defecto sentados frente a un hermoso cuadro con paisaje marino. Así revivirían esos memorables momentos. Tal vez ser los fundadores de un hogar de ancianos.
-Te falta el aire- dijo él al darse cuenta que se le cortaba la respiración al caminar por la arena. Mientras ella pegaba un grito porque una ola se acercaba y los iba a dejar empapados. -No estoy tan gorda- dijo ella, tratando de justificar que no había retomado los ejercicios después de su última recaída a la columna. ¡Mañana mismo comienzo!. -Si no es pa' tanto- dijo él tratando de bajar el perfil -no se me vuelva loca haciendo deporte.
La noche estaba tibia pero aun así ella llevaba un pañuelo en su cuello. Siguieron caminando construyendo historias que hacían brotar una y otra locura, las risas no paraban. Ahí estaban los únicos habitantes de una playa solitaria sonriéndole a la vida a pesar de su cansancio. La dulzura de un mocaccino, las luces de la ciudad, el ruido de la bohemia en verano les recordó que aun quedaba un día más de labores.
-Hasta la próxima aventura-, ¡hasta la próxima!!...
Tratar de hilar palabras tras largos silencios, es como ir haciendo de nuevo camino, con la diferencia de que no se olvida lo que es innato ni se apaga la voz de la poesía. Ir y volver ya es cotidiano, desaparecer de las redes para vivir el estrés natural de los humanos y detenerse a tiempo en la estación de la quietud del alma.
Hoy me detengo a contemplarlos a todos, a recordar momentos, a rescatar vivencias y emociones. Hago una pausa con la misma intensidad con que miro una puesta de sol junto a mi isla solitaria y disfruto de cada sensación del reencuentro, se revitaliza el cuerpo, vuelve la bocanada de vida que nos empuja a nuevas hojas, tal vez era la fuerza que necesitaba en este conteo hacia el final o tal vez era la añoranza de sentir y entregar algo tan inefable pero a la vez tan perceptivo e infinito.
!Existimos!... allá o acá, en cualquier punto del mundo, en otra orilla donde el mar golpea a las rocas, en otro campo donde la luna de noche se refleja en el río, en la montaña más lejana donde la palabra nos convoca y el cariño nos despierta.
Dejamos atrás un año difícil, que nos puso a prueba a nivel mundial, que se llevó a seres queridos, otros quedaron con secuelas, es por eso que no puedo decir feliz año nuevo, en homenaje a los que ya no están con nosotros.
Esta vez cerrar el año sin duda tiene nostalgia, añoranza de muchos abrazos, aun el temor ronda nuestros hogares. Solo quiero alzar mi copa y brindar por el ahora, agradecer a todos los que son parte de mi vida, recordarles lo importante y valientes que han sido.
Quiero que sepan que nada compensa el dolor ni la tristeza, pero que sí existen los nuevos comienzos para hacer más llevadera la carga, para allá vamos todos dejando atrás este año, soltando hojas del ayer, imaginando un mañana mejor.
Así que adiós 2021, bienvenida la esperanza del año 2022.